Macomber y H: estructuras para hoy

Reflexiones sobre Acero, Terreno Sísmico y Nuevas Demandas Constructivas

Durante décadas, El Salvador ha construido casi exclusivamente en concreto. Es un material que forma parte de su identidad urbana y de su cultura técnica. Sin embargo, la conversación contemporánea sobre construcción y resiliencia ha cambiado. En un territorio donde los sismos no son eventos aislados sino parte del paisaje cotidiano, ingenieros y arquitectos de distintas escuelas han insistido en que la estructura debe responder de manera más eficiente a un suelo que no permanece quieto.

El ingeniero estructural Fazlur Rahman Khan, uno de los referentes del siglo XX, recordaba que “la eficiencia estructural consiste en hacer que la fuerza siga el camino más lógico posible”. En un país como El Salvador, ese camino lógico empieza a alinearse con estructuras más ligeras, más flexibles y más rápidas de montar: las estructuras metálicas tipo Macomber y las vigas H.

Un país sísmico exige materiales que no compitan con la gravedad

El concreto tiene una virtud indiscutible en compresión, pero su peso se convierte en un desafío cuando el terreno se mueve. Norman Foster, figura central de la arquitectura contemporánea, ha sido claro en señalar que “la ligereza estructural no es una aspiración estética, sino una decisión técnica que mejora el desempeño”. En zonas costeras como la Costa del Sol o en los taludes de Comasagua, Apaneca y Panchimalco, esa ligereza no es una tendencia: es una necesidad.

El acero reduce la masa de la edificación y, por ende, la fuerza sísmica que actúa sobre ella. Las vigas H distribuyen mejor los esfuerzos horizontales, mientras que los marcos tipo Macomber permiten ensamblajes predecibles y un comportamiento más estable ante movimientos repetitivos.

El valor de lo predecible en un terreno que exige prudencia

El ingeniero español Eduardo Torroja, figura clave en la evolución de la ingeniería moderna, insistía en que una buena estructura es aquella que “trabaja con claridad, sinceridad y sin esfuerzos caprichosos”. Las estructuras metálicas responden exactamente a ese principio: se deforman de manera visible antes de fallar, dan avisos, absorben energía y permiten lecturas claras por parte de los especialistas.

Esto contrasta con ciertas patologías del concreto cuando el proceso constructivo no es impecable: mala vibración, acero expuesto, curado deficiente. En clima tropical, estos errores se cobran caros.

Costeras y montaña: dos escenarios distintos, un mismo argumento

En la Costa del Sol, la salinidad y la humedad aceleran la corrosión en varillas mal protegidas dentro del concreto. El acero estructural, con pintura epóxica o galvanizado en caliente, ofrece ciclos de mantenimiento más claros y menos dependientes de procesos húmedos propios del concreto.

En zonas de montaña, los asentamientos diferenciales y la variación de suelos vuelven más valioso un sistema ligero, que distribuye mejor la carga y reduce exigencias en cimentación. La estructura metálica soporta variaciones del terreno sin transmitir esfuerzos excesivos a la base, algo especialmente importante en viviendas de descanso y hospederías ubicadas en pendientes.

Una herramienta moderna para un país que necesita flexibilidad

Renzo Piano, otro referente mundial, ha señalado que “la estructura debe permitir libertad, no condicionarla”. Aquí es donde el acero cobra sentido práctico: permite ampliaciones, mezzanines, cubiertas nuevas y entrepisos sin demoler grandes áreas. En industria, comercio y vivienda costera, la rapidez y la precisión del ensamblaje marcan una diferencia decisiva.

El Salvador vive un momento de crecimiento en proyectos privados, ampliaciones de naves industriales y desarrollos turísticos. Ese movimiento exige sistemas constructivos capaces de responder sin interrumpir operaciones por meses. El acero, fabricado y montado con control dimensional, responde con fluidez a estas necesidades.

El concreto no desaparece; se integra

La conversación no es acero contra concreto. Es una integración lógica: concreto para cimentación y elementos de compresión; acero para estructura aérea, cubiertas y ampliaciones. El sistema mixto —adoptado globalmente— permite aprovechar lo mejor de cada material.

En un país sísmico, costero y montañoso como El Salvador, esta combinación se vuelve más sensata que la dependencia absoluta de un solo sistema.

Una inteligente incorporación

El Salvador ha construido su historia sobre concreto, pero su futuro exige estructuras más flexibles y eficientes. Las vigas H y las estructuras Macomber no pretenden reemplazar lo conocido, sino responder a un territorio que obliga a pensar con claridad técnica.

Ingenieros como Khan y Torroja lo plantearon hace décadas; arquitectos como Foster y Piano lo aplican en sus obras contemporáneas: la estructura debe ser honesta con el terreno y eficiente con las fuerzas que la afectan.

En un país que se mueve, la construcción no puede permanecer estática.

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